martes, 19 de abril de 2011

Demasiados ropajes







La cultura podría ser el matiz que define al ser humano en la trayectoria de la evolución… O tal vez, esa especie de capital que va impregnando al individuo de vivencias que, a modo de sabiduría, lo imbuyen de conocimientos sea o no en interacción con el medio, curiosamente.
La cultura dinamiza, expande, proyecta al individuo más allá de…¿ sus propias potencialidades?, ¿de sus propios recursos?. No lo sé.
Y en esta especie de pugna por la autenticidad cultural me debato. Y me arrepiento, sobre todo de mí misma, de querer hacer tantas cosas, de intentar vestir tantos ropajes que se esperan de mí.
¿Acaso no soy yo misma?.
Me rebelo. Reinvento mi ser, mi esencia. Lejos de tanta mansedumbre porque huyo de los ropajes que no me pertenecen.
Quiero emerger sin taras a la vida; no más de las que yo pueda pautarme, permitirme, soportarme. Y así soy yo con todas las ausencias culturales, con todos esos cantos rodados de mi alma. Imperfecta, al fin, pero repleta de todas mis carencias, sobre todo, de esas que mi ser reconoce y aquieta en el espíritu.

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